
Hay veces, muy pocas, que cuando sales del cine sales con la sensación de que acabas de ver algo grande. Algo que no admite duda y que sabes que se va a quedar dentro de tí. Que pasarán los días y seguirás teniendo esa sensación embriagadora que te transporta a la historia que vistes, que has visto y que posiblemente volverás a ver. Esa es la sensación que tuve al terminar de ver "El secreto de sus ojos", la última película de Juan José Campanella. Una película con carácter de obra maestra, de cine grande, de clásico.
La película comienza cuando Benjamín Expósito (interpretado por un sublime Ricardo Darín) recién jubilado tras trabajar toda su vida en un Juzgado Penal, decide escribir una novela sobre un caso de homicidio y violación de hace veinte años. Usando la creación del libro como vehículo, el protagonista irá recorriendo caminos que le transportarán al presente, a través del pasado y posiblemente le llevará a poner las bases de su futuro. La película, usando las formas de un thriller, nos cuenta una historia de amor, de venganza, de lealtad, de idealismos... donde Campanella a diferencia de en otras de sus películas como "Luna de Avellaneda" o "El mismo amor, la misma lluvia" es capaz de controlar esa tendencia que tiene hacia lo blando y meloso, hacia esos personajes muy bien envueltos y pagados de sí mismos pero que no dejan de ser sólo merengue. Aquí no, aquí los personajes (magníficamente interpretados, tanto principales como secundarios) tienen fuerza, consistencia, son reales, tienen una historia que contar, que vivir.
"El secreto de sus ojos" es una película de sentimientos contenidos, de diálogos rápidos y llenos de sustancia donde el humor aparece en el lugar perfecto y el momento adecuado. Una película donde la historia está encajada a la perfección, funcionando como un reloj suizo, narrada de forma ejemplar. Una película que hay que ver, porque es buena, porque te atrapa, porque es honesta, porque merece la pena. Porque es cine de verdad.
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