sábado, 28 de noviembre de 2009

"2012", qué catástrofe.


Cómo decía el subtítulo de la cartelera, estábamos advertidos. Si echamos la vista atrás y vemos algunos de los títulos más famosos de la carrera cinematográfica de Roland Emmerich, nadie puede negar que podíamos hacernos una idea de lo que nos íbamos a encontrar. Películas como "El día de mañana", "Godzila", "Independence Day" o "10.000 a.c." así lo atestiguan. Pero los caminos del hombre a veces son inescrutables, así que hastiado por el aburrimiento me llené de valor e ingenuidad y fui a ver la película. A veces uno sólo busca puro entretenimiento, el cine es también espectáculo y como tal te ofrece cosas con el único fin de que pases simplemente un buen rato y me parece bien además. Lo malo es que aquí no sucede ni eso. No puedo entender como se le puede ofrecer tal cantidad de dinero para hacer una película a una persona con tan poco oficio para el cine. Para mí es un misterio a la altura de las pistas de Nazca, los Moais de la isla de Pascua o cómo Berlusconi puede ser presidente democrático de un país, que este hombre sea director de cine. "2012" es una película que más que eso, es un contínuo desastre tras desastre. Y no por el tono apocalíptico de la cinta, sino por la cantidad de disparates tanto visuales, como de guión que aparecen. Desde la manida puesta en escena del padre inmaduro y divorciado, descastado de sus hijos, que se convierte en el héroe tras solucionar los problemas que antes ha creado él solito, hasta repetitivas huidas de la catástrofe de las que se salvan siempre en el último instante de la manera más inverosímil y chorra. Vamos, que con ese dechado de coincidencias afortunadas me hubiera planteado dedicarme a los juegos recreativos y las máquinas tragaperras como leif motiv de mi vida. Y el caso es que tampoco me importaría tanto esto si la película hubiera conseguido mi objetivo, que era divertirme un rato, pasar un par de horas reposando la mente dejándola en blanco. Pero es que te aburres tanto y empiezas a alucinar ante tanto despropósito que llegas a indignarte. Considero que hay que poner unos límites. Como decía Hichkcock, no importa tanto que la película sea realista como que sea verosímil con la historia. Pero aquí de eso no hay. No es que los diálogos sean propios de oligofrénicos, que el ritmo sufra de epilepsia y que la historia sea para mearse encima,. Lo peor es tener la certeza de que te están tratando como un imbécil, de la mala o nula opinión que se concede a mi exigencia como espectador y de la excasa presunción de inteligencia.
La idea es: hagamos unos efectos especiales descomunales y sanseacabó, la gente no quiere más, no pide mas, ni historia, ni personajes, ni rtmo, ni nada. Son solo polillas que van hacia la luz por el único propósito de que les llama la atención. Y no, eso si que no. Emmerich "nunca mais".

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