
El día que a alguien se le ocurrió doblar las películas mató una parte del cine. Las películas deberían verse en su versión original, con la verdadera voz de sus actores y no con las voces afectadas y reiterativas de los actores de doblaje. Ver un actor doblando la voz de otro es algo que raya lo penoso y causa verdadera sorpresa. Ver esas caras que no encajan en ningún momento con esos sonidos hace que uno se plantee como podemos ser tan lerdos. Pero la comodidad, la costumbre, los prejuicios y la ignorancia que nos han impedido probar el jamón de pata negra, nos hace conformarnos con el beicon pensando que es de lo más exquisito.
Si hay un película que debe ser vista en versión original esa es "An education" es más, debería salir un decreto-ley que así lo legislara, porque "An education" es una película de actores en estado de gracia donde su protagonista, Carey Mulligan, brilla hasta dejarte ciego. No sé como será la versión doblada pero perderse su risa del principio, cuando conoce a David, es pecado y pecado de los gordos, de los que excomulgan. Porque esta actriz, desconocida para mí hasta ahora, se sale, se come la pantalla, te enamora, te fascina, te traslada a otra época con su delicadeza, su porte, su exquisitez y su finura. Y eso que está rodeada de interpretaciones luminosas, portentoso Alfred Molina en la escena de la habitación, que ella de la manera más elegante eclipsa.
La historia gira en torno a Jenny, una brillante adolescente de principios de los 60 con un futuro prometedor que conoce a un joven mayor que ella y le inicia en una vida de lujo y sofisticación que le hará plantearse el dilema de dejarlo todo y saltarse los pasos para llegar a la vida adulta de sopetón o seguir su camino de hormiguita que le posibilite la independencia y la libertad. Se trata de una época donde ser mujer te obliga a prepararte para abrirte camino por sí misma o depender de un hombre. Donde la emancipación femenina es una rara avis que causa extrañeza en contraposición del más aceptado rol de mujer-florero y que, para evitarlo, es necesaria la renuncia y casi la marginación social como factor de cambio.
El guión, adaptado por Nick Horby, el vestuario cuidado al detalle, la música adecuada al conjunto y una fotografía en consonancia con la elegancia de todo lo anterior, hacen de esta película una "joyita", como diría la borde de Mar.
"An education" nos sumerge en un duelo entre lo inmediato y lo venidero, entre lo epicúreo y lo estoico, entre la pasión y la razón, entre mirar el río o sumergirte en él. Pero la elección es el inconveniente, el dilema, el problema. El ejercicio intelectual de tener que decidir es lo que hace el desequilibrio, la oscilación que se produce entre el todo y la nada.
Si hay un película que debe ser vista en versión original esa es "An education" es más, debería salir un decreto-ley que así lo legislara, porque "An education" es una película de actores en estado de gracia donde su protagonista, Carey Mulligan, brilla hasta dejarte ciego. No sé como será la versión doblada pero perderse su risa del principio, cuando conoce a David, es pecado y pecado de los gordos, de los que excomulgan. Porque esta actriz, desconocida para mí hasta ahora, se sale, se come la pantalla, te enamora, te fascina, te traslada a otra época con su delicadeza, su porte, su exquisitez y su finura. Y eso que está rodeada de interpretaciones luminosas, portentoso Alfred Molina en la escena de la habitación, que ella de la manera más elegante eclipsa.
La historia gira en torno a Jenny, una brillante adolescente de principios de los 60 con un futuro prometedor que conoce a un joven mayor que ella y le inicia en una vida de lujo y sofisticación que le hará plantearse el dilema de dejarlo todo y saltarse los pasos para llegar a la vida adulta de sopetón o seguir su camino de hormiguita que le posibilite la independencia y la libertad. Se trata de una época donde ser mujer te obliga a prepararte para abrirte camino por sí misma o depender de un hombre. Donde la emancipación femenina es una rara avis que causa extrañeza en contraposición del más aceptado rol de mujer-florero y que, para evitarlo, es necesaria la renuncia y casi la marginación social como factor de cambio.
El guión, adaptado por Nick Horby, el vestuario cuidado al detalle, la música adecuada al conjunto y una fotografía en consonancia con la elegancia de todo lo anterior, hacen de esta película una "joyita", como diría la borde de Mar.
"An education" nos sumerge en un duelo entre lo inmediato y lo venidero, entre lo epicúreo y lo estoico, entre la pasión y la razón, entre mirar el río o sumergirte en él. Pero la elección es el inconveniente, el dilema, el problema. El ejercicio intelectual de tener que decidir es lo que hace el desequilibrio, la oscilación que se produce entre el todo y la nada.
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